Tania Fernández Hernández

En el fondo del caño hay un negrito

José Luis González

     El cuento trata de una familia constituida por el padre, la madre y su pequeño hijo llamado Melodía. Vivían en un arrabal a orillas del caño Martín Peña en extrema pobreza.  Dormían sobre unos sacos vacíos en el piso. Un día, al despertar en la mañana, el hombre vio que el nene estaba gateando hasta la puerta y mirando hacia el caño. Lo regaña y le dice que entre para la casa.

Luego, despertó a la mujer que dormía junto a él.  Le pidió que le hiciera café, pero ella le indica que no tenían nada para comer.  El le pregunta la razón por la cual no había comprado y ella le hace una mueca similar a la que le había hecho el día que él había llegado borracho a la casa.  El niño comenzó a chuparse el dedo y a llorar de hambre.  Ella le dice al hombre que le preparará un guarapo de hojitas de guanábana y que, además, hacía días que el niño no tomaba leche.

El padre sale afuera y mira con desdén a las personas que desde los automóviles le observan a él y toda el área del caño.  Le da coraje y les hace un gesto obsceno.  Se metió en un bote y remó hasta la orilla.  En este punto, se escuchaba cada vez menos el llanto de Melodía a causa del hambre.

Al mediodía, el negrito Melodía se había asomado otra vez hacia el caño sonriendo.  Vio una imagen reflejada en el agua que también le sonreía.  Levantó su manita y la imagen hizo lo mismo, lo que le causó más risa y le pareció que el otro niño se reía igual.  La madre lo llamó para darle otro guarapo de guanábana. Unas personas que vivían en la parte seca del arrabal, observaban con lástima a la nueva familia que vivía en el agua porque les parecía que eran más pobres que ellos. De hecho, una de ellas le había regalado las hojitas de guanánana para hacerle el té al niño.

En la tarde de ese mismo día, el padre regresaba a su hogar muy contento. Un amigo le había prestado su carretón y así pudo  ayudar a un blanco que había llegado de Nueva York a cargar una mercancía y éste le había dado unas monedas.  Compró varias cosas en el colmado, incluyendo leche para el nene.

Mientras el padre caminaba hacia su casa, Melodía había salido otra vez a observar aquel niño que supuestamente le había regalado una sonrisa al mediodía. Melodía estaba sonriendo y la imagen también sonreía.  Lo saludó con la manita y el otro también le contestó.  El niño se sintió tan contento que se fue a buscarlo, sin saber que esa era su propia imagen.  Lamentablemente, el niño murió ahogado en el caño.